Los mitos son historias inventadas que explican lo inexplicable. Forman parte de religiones antiguas que han sido suplantadas hoy en día por otras. Por ejemplo, la mayoría de las personas del mundo no cree el mito que explica el origen de los primeros Jaida (Los Haida, en inglés con H, todavía viven en el sudoeste de Canadá).
El gran cuervo y los primeros hombres, Bill Reid Mito de los primeros Jaida Según una versión de este mito, un día empezó a llover y a llover. Después de muchos días de lluvia, al gran cuervo, (el dios principal de los Jaida) que era a veces bueno y otras veces travieso, se le iba acabando la tierra donde pararse. Saltado de colina a colina tubo que empezar a saltar de árbol en árbol, y luego de monte en monte hasta que se le acabaron todos los árboles y las montañas, pero todavía continuaba lloviendo. Después de días de lluvia, llego el momento en el que que ya no hubo ningín sitio donde posarse. Mirara por donde mirara, no había ni un trocito de tierra donde parar, por lo cual el pobre cuervo no tuvo más remedio que continuar volanda para no ahogarse. Voló alto durante todo un día y no logró encontrar donde descansar y no tuvo otro remedio que seguir volando durante toda la noche. Al amanecer del día siguiente el pobre cuervo se dio cuenta que durante la noche había perdido altitud. Hizo un gran esfuerzo para subir de nuevo porque tenía miedo de caer en el mar y ahogarse. Luego, ya bastante cansado, tuvo que volar toda la noche y otro día entero. Al tercer día, el pobre cuervo estaba tan agotado que lo único que le mantenía en el aire era el convencimiento de que si no continuaba batiendo sus alas negras, caería al mar, donde flotaban los cuerpos de muchos otros animales de tierra, y moriría igual que ellos, ahogado. Lo único que le daba algo de ánimo es que había parado de llover y esperaba que el agua bajara algo y que encontrara una rama o algo sitio donde donde caerse, ya que no se veía capaz de aterrizar, y descansar. Mientras pensaba todo esto iba perdiendo la esperanza. De pronto y por milagro, pensó que veía un tantito de tierra a la distancia. Haciendo unos esfuerzon increíbles y volando apenitas un poco más arriba que las olas que parecían querer alcanzarlo para hundirlo en el agua, cayó en el mar a unos pocos metros de ese trocito de tierra que había visto. |
Con sus últimas fuerzas, que sacaba de nadie sabe dónde, y por puro milagro logró llegar a la playita y se cayó en la arena agotado. Así es que se quedó dormido un largo rato. Cuando despertó muchas horas más tarde, se dio cuenta de que lo que había pasado no había sido un sueño sino que se había salvado, y estaba pensando en esto cuando se dio cuenta que su barriga le dolía muchísimo y que sus tripas se estaban retrocijando y haciéndo unos ruidos que se oían claramente a pesar de la olas que golpeaban la playa. Miró por la playa con una hambre que no aguantaba, y con mucha alegría vio que estaba llena de todo tipo de mariscos. Habían cangrejos de varios tipos, almejitas, peces saltando sacados por las olas, lobrizes y un sin fin de insectos y otras delicias para el dios cuervo. Al verlos se puso a comer, y a comer y a comer. Comió un poco de todo lo que se encontraba allí durante un largo rato hasta que simplemente ya no pudo comer más. Descansó un rato y, aunque estaba bien lleno, todavía comió más hasta que sintió que si comía más reventaría.
Se fue saltando, con mucha dificultad, de la playa a una roca más alta para poder mirar su islita, y en eso estaba cuando de reojo vio una concha que nunca había visto, y llevado más por la curiosidad que por el hambre se acercó para ver que tipo de marisco era. Mientras se acercaba, se dio cuenta de que la concha estaba algo abierta, pero a pesar de querer comérse esta comida tan fácil de sacar, simplemente ya no podía comer más. Cuando ya se había acercado y pudo mirar lo que había dentro de cerca se dio cuenta de que había no sólo un marisco en la concha, sino varios seres que jamás había visto, totalmente desnudos, sin nisiquiera una bonita pluma para adornarlos. Teníande un color de rosa con cafecito realmente desagradable, no tenían pico o patas normales con uñas para agarrarse a las ramas, y los ojos los tenían algo hundidos en sus caras planas. Lo peor de todo es que estas ciraturas tenían unas cuatro cosas que parecían gusanos gordos que salían de su cuerpo en vez de alas, y las movías de un lado al otro mientras hacían un ruido increíble. Entre más los miraba, y escuchaba, más pena le daban estos seres tan desprotegido y tan feos, y gracias a la lástima que sintió el cuervo por esto seres decidió ayudarles. Les trajo comida y les dió agua de un manatial que había en ese pico de montaña por donde salía agua. Desde entonces han existido los Jaida y desde entonces el gran cuervo ha sido su protector, y también a veces les ha hecho malas jugadas sólo para ver lo que hacían y divertirse viéndo lo raros que eran esos seres y las cosas rarísimas que hacían. Los Jaida creen que esos seres fueron los pimeros hombres, salvados por el dios cuervo, que por suerte había comido tanto que no tenía hambre, y que le parecieron tan feos, que le dió lástima comérselos y decidió protegerlos. |
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Antonio Santamaría
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Maestro de español en Wilson High School, Long Beach, CA
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