Fuenteovejuna

Félix Lope de Vega y Carpio

ACTO III, Escena II

  Sala del consejo en Fuenteovejuna.
Sale Laurencia, desmelenada
Laurencia: Dejadme entrar, que bien puedo,
en consejo de los hombres;
que bien puede una mujer,
si no a dar voto, a dar voces.
¿Conocéisme?
Esteban: ¡Santo cielo! ¿No es mi hija?
Juan Rojo: ¿No conoces a Laurencia?
Laurencia: Vengo tal,
que mi diferencia os pone
en contingencia quién soy.
Esteban: ¡Hija mía!
Laurencia: No me nombres tu hija.
Esteban: ¿Por qué, mis ojos?
¿Por qué?  
Laurencia:

Por muchas razones, ...
porque dejas que me roben
tiranos sin que me vengues,
traidores sin que me cobres.
Aún no era yo de Frondoso,
para que digas que tome,
como marido, venganza;
que aquí por tu cuenta corre;
que en tanto que de las bodas
no haya llegado la noche,
del padre, y no del marido,
la obligación presupone;
que en tanto que no me entregan
una joya, aunque la compre,
no ha de correr por mi cuenta
las guardas ni los ladrones.
Llevóme de vuestros ojos
a su casa Fernán Gómez;
la oveja al lobo dejáis
como cobardes pastores.
¿Qué dagas no vi en mi pecho?
¿Qué desatinos enormes,
qué palabras, qué amenazas,
y qué delitos atroces,
por rendir mi castidad
a sus apetitos torpes?
Mis cabellos ¿no lo dicen?

Las señales de los golpes,
¿no se ven aquí, y la sangre?
¿Vosotros sois hombres nobles?
¿Vosotros padres y deudos?
¿Vosotros, que no se os rompen
las entrañas de dolor,
de verme en tantos dolores?
Ovejas sois, bien lo dice
de Fuenteovejuna el hombre.
Dadme unas armas a mí,
pues sois piedras, pues sois bronces,
pues sois jaspes, pues sois tigres...
tigres no, porque feroces
siguen quien roba sus hijos,
matando los cazadores
antes que entren por el mar
y por sus ondas se arrojen.
Liebres cobardes nacistes;
bárbaros sois, no españoles.
Gallinas, ¡vuestras mujeres
sufrís que otros hombres gocen!
Poneos ruecas en la cinta.
¿Para qué os ceñís estoques?
¡Vive Dios, que he de trazar
que solas mujeres cobren
la honra de estos tiranos,
la sangre de estos traidores,
y que os han de tirar piedras,
hilanderas, maricones,
amujerados, cobardes,
y que mañana os adornen
nuestras tocas y basquiñas,
solimanes y colores!
A Frondoso quiere ya,
sin sentencia, sin pregones,
colgar el comendador
del almena de una torre;
de todos hará lo mismo;
y yo me huelgo, medio-hombres,
porque quede sin mujeres
esta villa honrada, y torne
aquel siglo de amazonas,
eterno espanto del orbe.

Esteban: Yo, hija, no soy de aquellos
que permiten que los nombres
con esos títulos viles
Iré solo, si se pone
todo el mundo contra mí.  
Juan Rojo: Y yo, por más que me asombre
la grandeza del contrario.
Regidor: ¡Muramos todos!  
Barrildo: Descoge
un lienzo al viento en un palo,
y mueran estos inormes.
Juan Rojo: ¿Qué orden pensáis tener?  
Mengo: Ir a matarle sin orden.
Juntad el pueblo a una voz;
que todos están conformes
en que los tiranos mueran.  
Esteban: Tomad espadas, lanzones,
ballestas, chuzos y palos.  
Mengo: ¡Los reyes nuestros señores
vivan!  
Todos: ¡Vivan muchos años!  
Mengo: ¡Mueran tiranos traidores!  
Todos: ¡Tiranos traidores, mueran!
  Vanse todos los hombres.
Laurencia: Caminad, que el cielo os oye.
¡Ah, mujeres de la villa!
¡ Acudid, por que se cobre
vuestro honor, acudid, todas!

Escena VI

Esteban: Esteban:
  Salen Esteban, Frondoso, Juan Rojo, Mengo, Barrildo y otros labradores, todos armados. El Comendador, Flores, Ortuño, Cimbranos
Esteban: Ya el tirano y los complices miramos
¡Fuenteovejuna, y los tiranos mueran!
Comendador: Pueblo, esperad.
Todos: Agravios nunca esperan.
Comendador: Decídmelos a mí, que iré pagando
a fe de caballero esos errores.
Todos: ¡Fuenteovejuna! ¡Viva el rey Fernando!
¡Mueran malos cristianos y traidores!
Comendador: ¿No me queréis oír? Yo estoy hablando,
yo soy vuestro señor.
Todos: Nuestros señores
son los reyes católicos.
Comendador: Espera.
Todos: ¡Fuenteovejuna, y Fernán Gómez muera!
  Vanse y salen las mujeres armadas
Laurencia: Parad en este puesto de esperanzas,
soldados atrevidos, no mujeres.
Pascuala: ¿Los que mujeres son en las venganzas,
en él beban su sangre, es bien que esperes?
Jacinta: Su cuerpo recojamos en las lanzas.
Pascuala: Todas son de esos mismos pareceres.
  Dentro
Esteban: ¡Muere, traidor comendador!
  Dentro
Comendador: Ya muero.
¡Piedad, Señor, que en tu clemencia espero!

Escena X

Esteban: Esteban: Frondoso: Esteban: Mengo: Mengo: Esteban: Mengo:
  Saca un escudo Juan Rojo con las
armas reales.
Regidor: Ya las armas han llegado.
  Mostrad las armas acá.
Juan Rojo: ¿Adónde se han de poner?
Regidor: Aquí, en el ayuntamiento.
Esteban: ¡Bravo escudo!
Barrildo: ¡Qué contento!
Frondoso: Ya comienza a amanecer,
con este sol, nuestro día.
Esteban: ¡Vivan Castilla y León,
y las barras de Aragón,
y muera la tiranía!
Advertid, Fuenteovejuna,
a las palabras de un viejo;
que el admitir su consejo
no ha dañado vez ninguna.
Los reyes han de querer
averiguar este caso,
y más tan cerca del paso
y jornada que han de hacer.
Concertaos todos a una
en lo que habéis de decir.

Frondoso:

¿Qué es tu consejo?
  Morir
diciendo "Fuenteovejuna,"
y a nadie saquen de aquí.
  Es el camino derecho.
Fuenteovejuna lo ha hecho.
  ¿Queréis responder así?
Todos: Sí.
Esteban: Ahora pues, yo quiero ser
ahora el pesquisidor,
para ensayarnos mejor
en lo que habemos de hacer.
Sea Mengo el que esté puesto
en el tormento.
  ¿No hallaste
otro más flaco?
Esteban: ¿Pensaste
que era de veras?
Mengo: Di presto.
Esteban: ¿Quién mató al comendador?
Mengo: Fuenteovejuna lo hizo.
Esteban: Perro, ¿si te martirizo?
Mengo: Aunque me matéis, señor.
Esteban: Confiesa, ladrón.
Mengo: Confieso.
Esteban: Pues, ¿quién fue?
Mengo: Fuenteovejuna.
Esteban: Dadle otra vuelta.
Mengo: ¡Es ninguna!
Esteban: ¡Cagajón para el proceso!
  Sale el otro REGIDOR
Regidor: ¿Qué hacéis de esta suerte
aquí?
Frondoso: ¿Qué ha sucedido, Cuadrado?
Regidor: Pesquisidor ha llegado.
Esteban: Echad todos por ahí.
Regidor: Con él viene un capitán.
Esteban: ¡Venga el diablo! Ya sabéis
lo que responder tenéis.
Regidor: El pueblo prendiendo van,
sin dejar alma ninguna.
Esteban: Que no hay que tener temor.
¿Quién mató al Comendador,
Mengo?
Mengo: ¿Quién? Fuenteovejuna.